Ir al inicio de Unión Cívica Radical - Convención Nacional

ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DEL 90




La UCR recordó el 120 aniversario de la Revolución del 26 de julio de 1890 con actos públicos que se celebraron en diversas partes del país. En la ciudad de Buenos Aires tuvo lugar un acto en el estadio de la calle Castro Barros con gran asistencia de público y en el que hablaron Carlos Más Vélez, titular del Comité del distrito y Ernesto Sanz, presidente del Comité Nacional y estuvieron presentes, entre otros, Julio Cobos y Ricardo Alfonsín. Este recibió el apoyo unánime del público frente a las injustas críticas que se le hicieron fuera del partido por haber estado presente en un acto en homenaje a su padre, en Chascomús, su ciudad, al que asistió la presidenta de la Nación.

La H. Convención Nacional adhirió a los actos celebratorios   y como homenaje a esta fecha  histórica transcribimos los párrafos fundamentales del “Manifiesto de la Junta Ejecutiva al Pueblo”


 El patriotismo nos obliga a proclamar la revolución como recurso extremo y necesario para evitar la ruina del país. Derrocar un gobierno constitucional, alterar sin justo motivo la paz pública y el orden social, substituir el comicio con la asonada y erigir la violencia en sistema político, sería cometer un verdadero delito del que nos pediría cuenta la opinión nacional. Pero acatar y mantener un gobierno que representa la ilegalidad y la corrupción; vivir sin voz ni voto la vida pública de un pueblo que nació libre; ver desaparecer día por día las reglas, los principios, las garantías de toda administración pública regular; consentir los avances del tesoro, la adulteración de la moneda, el despilfarro de la renta; tolerar la usurpación de nuestros derechos políticos y la supresión de nuestras garantías individuales que interesan a la vida civil, sin esperanza alguna de reacción ni de mejora porque todos los caminos están tomados para privar al pueblo del gobierno propio y mantener en el poder a los mismos que han labrado la desgracia de la República; saber que los trabajadores emigran y que el comercio se arruina, porque, con la desmonetización del papel, el salario no basta para las primeras necesidades de la vida y se han suspendido los negocios y no se cumplen las obligaciones: soportar la miseria dentro del país y esperar la hora de la bancarrota internacional que nos deshonraría ante el extranjero; resignarse y sufrir todo fiando nuestra suerte y la de nuestra posteridad a lo imprevisto y a la evolución del tiempo, sin tentar el esfuerzo supremo, sin hacer los grandes sacrificios que reaclama una situación angustiosa y casi desesperada, sería consagrar la impunidad del abuso, aceptar un despotismo ignominioso, renunciar al gobierno libre y asumir la mas grave responsabilidad ante la patria, porque hasta los extranjeros podrían pedirnos cuenta de nuestra conducta, desde que ellos han venido a nosotros bajo los auspicios de una Constitución que los ciudadanos hemos jurado y cuya custodia nos hemos reservado como un privilegio, que promete justicia y libertad a todos los hombres del mundo que venga a habitar el suelo argentino.


 La Junta Revolucionaria no necesita decir al pueblo de la nación y a las naciones extrañas los motivos de la revolución, ni detallar cronológicamente todos los desaciertos, todos los abusos, todos los delitos, todas las iniquidades de la administración actual.

El país entero esta fuera de quicio, desde la capital hasta Jujuy. Las instituciones libres han desaparecido de todas partes; no hay república, no hay sistema federal, no hay gobierno representativo, no hay administración, no hay moralidad. La vida política se ha convertido en industria lucrativa.


El presidente de la República ha dado el ejemplo, viviendo en la holgura, haciendo la vida de los Sátrapas con un menosprecio inaudito por el pueblo y con una falta de dignidad que cada día se ha hecho más irritante.

 …


 Puede decirse que él ha vivido de los bienes del Estado y que se ha servido del erario público para constituirse un patrimonio propio.


Su clientela le ha imitado; sujetos sin profesión, sin capital, sin industria, han esquilmado los Bancos del Estado, se han apoderado de las tierras públicas, han negociado concesiones de ferrocarriles y puertos y se han hecho pagar su influencia con cuantiosos dineros.


 En el oren político ha suprimido el sistema representativo, hasta constituir un Congreso unánime sin discrepancias de opiniones, en el que únicamente se discute, la sumisión y la obediencia pasiva.


El régimen federativo ha sido escarnecido: los gobernadores de provincia, salvo rara excepción, son sus lugartenientes; se eligen, mandan, administran y se suceden según su antojo: rendidos a su capricho.

 El movimiento revolucionario de este día, no es la obra de un partido político. Esencialmente popular e impersonal, no obedece ni responde a las ambiciones de círculo u hombre público alguno. No derrocamos al gobierno para separar hombres y substituirlos en el mando; lo derrocamos porque no existe en la forma constitucional, lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstruya sobre la base de la voluntad nacional y con la dignidad de otros tiempos, destruyendo esta ominosa oligarquía de advenediza que ha deshonrado ante propios y extraños las instituciones de la República.


El período de la revolución será transitorio y breve; no durará sino el tiempo indispensable para que el país se organice constitucionalmente. El gobierno revolucionario presidirá la elección de tal manera que no se suscite ni la sospecha de que la voluntad nacional haya podido ser sorprendida, subyugada o defraudada. El elegido para el mando supremo de la nación será el ciudadano que cuente con mayoría de sufragios en comicios pacíficos y libres. Y únicamente quedarán excluidos como candidatos los miembros del gobierno revolucionarios, que espontáneamente ofrecen al país esta garantía de su imparcialidad y de la pureza de sus propósitos.


Por la Junta Revolucionaria


 LEANDRO N. ALEM


 A. del Valle.-M. Demaría.-M. Goyena.-Juan José Romero.-Lucio V. López


 

 

volver

 
 
Honorable Convención Nacional de la Unión Cívica Radical
Alsina 1786, 3er Piso, (1088), Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel.: (54 11) 5199-0600 int 234 / 5199-0604 | email: hcn@ucr.org.ar